Señorita maestra:
La niebla de las mañanas invernalesno pudo opacar el brillo blanco
de tu guardapolvo flameando
entre las filas torcidas del patio. El frío de aquellas mañanas viejas
no venció a tus manos tibias
que acariciaban pibes despeinados.
El bullicio de las aulas y el pasillo
se calmó en tus dictados
que enseñaron letras,
sujetos, predicados
con los que aprendimos a leer
la ternura en tus ojos.
Tiza en mano nos descubriste
números, sumas, divisiones
para poder calcular (en vano)
tu comprensión sin fin.
De tu guardapolvo blanco, tus manos y tus ojos
queda un movimiento perpetuo de destellos
que nosotros nunca olvidaremos
aún cuando la escuela esté muy lejos.

HOLA HECTOR MUY LINDO LO QUE HAS HECHO TE FELICITO O SE AME ENCANTA ESPERO SEGUIRTE ...GRACIAS AMIGO POR ESTAR SIEMPRE ...SANDRA
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